Artículos en la categoría 'Reflexiones 2.0'

Esta misma semana se ha presentado el estudio “Jóvenes y comunicación: la impronta de lo virtual”, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud y del que puedes encontrar un resumen en este link.

El principal objetivo del mismo era analizar la forma en la que las nuevas tecnologías influyen en la creación de formas de comunicación entre los más jóvenes (16 a 26 años), en sus procesos de socialización, valores y de cohesión grupal, entre otros aspectos. Para ello se realizaron diferentes grupos de discusión y se recurrió también a fuentes secundarias, fundamentalmente de tipo cualitativo. Los resultados son muy interesantes, a la vez que sorprendentes e incluso inquietantes en algunos aspectos.

Un primer dato: el 94.5% de los jóvenes entre 16 y 24 años utilizan intensivamente las redes sociales, al haber tenido acceso al menos una vez por semana durante los 3 últimos meses (la media española es del 65%).

Los jóvenes tienen claro que no estar en las redes sociales es una forma de perder oportunidades, de no aprovechar las ventajas de las últimas tecnologías para disfrutar de una vida más cómoda y práctica. Entre estas ventajas, por ejemplo, está el que los más tímidos e introvertidos pueden flirtear en un entorno en el que consiguen eliminar parte de su vergüenza, mostrando más abiertamente su personalidad que en persona. Curiosamente los jóvenes son conscientes de que pueden perder gran parte de su intimidad, pero lo asumen y no les importa, por cuanto es “lo normal”, y todos lo hacen.

Y lo mismo ocurre con un sentimiento de dependencia de las tecnologías que antes no existía: sin las redes sociales, los jóvenes se sentirían aislados, no sabrían cómo rellenar sus rutinas, su tiempo libre. Aunque quizás no son conscientes que si sus hábitos giran en torno a las redes sociales, pueden quedar aislados precisamente de su entorno más cercano, generando a su vez relaciones de baja intensidad, superfluas, incluso despersonalizadas.

Aún así, consideran que hay que estar “por si acaso“. Y este último aspecto es clave para entender qué puede suponer no formar parte de este mundo: podemos quedar abocados al olvido del grupo que se organiza a partir de las facilidades que ofrece la tecnología, generando un proceso de “marginación” de estos jóvenes, que pueden llegar a ser considerados raros, independientes…

Otro dato clave del estudio es la desmitificación del estereotipo “nativos digitales”: continuamente empleamos este concepto para referirnos a los más jóvenes, entendiendo que éstos conocen a la perfección todo lo relacionado con las redes sociales, pues es lo que han vivido desde pequeños. Pues bien, nada más lejos de la realidad: todos, incluso este segmento de 16 a 24 años, requieren un aprendizaje continuado y un esfuerzo constante para poder gestionar y compatibilizar la complejidad de lo que podríamos llamar el “yo digital, online” con el “yo offline”, pues se van generando nuevas formas de comunicacion, códigos y valores, de los que hay que estar pendientes y saber gestionarlos adecuadamente.

En definitiva: como todo en esta vida, las cosas en su justa medida pueden ser muy beneficiosas. Si nos “pasamos”, en cambio, quizás no estemos preparados para las consecuencias. Por este motivo te recomiendo que descargues y dediques unos minutos de tu tiempo a analizar el estudio. Quizás te perderás algún post en Facebook, pero habrá valido la pena.

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Fuente: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Joventud

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Reconócelo: lo primero que haces al despertarte por la mañana es chequear tu cuenta de Facebook, revisar los mails o comprobar si alguien ha retwitteado tu último mensaje y, mientras desayunas, ya tienes claro la fotografía que quieres colgar en Instagram nada más subirte al autobús.

Si lo anterior se acerca a la realidad, ¡enhorabuena! ya formas parte del club de quienes no podemos vivir sin las redes sociales. Quizás el término “adicción” sea algo excesivo en muchos casos (aunque luego veremos que no tanto como pensamos), pero estarás de acuerdo en que un cierto halo de stress, de inquietud, está flotando permanentemente sobre nuestras cabezas en aquellos momentos en los que no tenemos acceso al móvil, tablet o ultrabook.

La cuestión es que los amigos de fix.com han recopilado datos de las últimas investigaciones acerca de cómo afecta a nuestra salud el fenómeno de las redes sociales, y lo han recopilado en una infografía que encontrarás más abajo, o que podrás descargarte en este link. Algunos datos interesantes:

  • El 72% de los adultos que se conectan a internet hacen uso de las redes sociales (dato: Mayo 2013), y dedican unas 23 horas semanales a enviar mails y conectarse a redes sociales o plataformas online de algún tipo. Esto supone el 14% de las horas totales en nuestras vidas…. o más del 20% si dejamos de lado las 8 horas de sueño de media.  Es decir, una quinta parte de nuestra vida la dedicamos a estar “conectados”. Quizás se debe a que el 67% de la gente tiene miedo, literalmente, a perderse algo en caso de no estar atentos a sus dispositivos móviles.

  • Afortunadamente, somos conscientes de que estas cifras no pueden ser buenas. Según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Salford, el 50% de los 298 encuestados consideran que Facebook y Twitter empeoran sus vidas, y que sus niveles de auto estima se pueden ver claramente afectados (negativamente, por supuesto) cuando se comparan sus “logros” online con los de otros amigos o compañeros.
  • Más datos de este estudio: el 25% de los encuestados tienen problemas en el trabajo o en sus relaciones derivados de confrontaciones online, y más del 50% se quedan muy preocupados cuando no pueden acceder a Facebook o a sus cuentas de mail.
  • Si vamos un paso más allá y entramos en el terreno científico-médico, un estudio de la Universidad de Harvard nos revela que cuando decidimos “abrirnos”, explayarnos en las redes sociales, se activa en nuestro cerebro el Nucleus Accumbens, una región muy importante, precisamente, para el desarrollo de las adicciones (pr ejemplo, se activa cuando se consume cocaína u otras drogas). Y también se activa una zona del cerebro asociada con la sensación de placer; el mismo tipo de placer que tenemos cuando comemos, recibimos dinero… o practicamos el sexo.
  • Otro dato en el que se puede comparar lo que hacemos fuera y dentro de las redes sociales: el 30 – 40% de nuestras conversaciones diarias giran en torno a nuestras propias experiencias. Pues bien, esta cifra crece hasta el 80% en el caso de las redes sociales.
  • Otro estudio realizado por la compañía Boost Media entre 500 jóvenes de 16 a 25 años revela que el 50% de éstos se consideran adictos a las redes sociales, siendo mayor la cifra entre las mujeres. El 68% consultan sus páginas de redes sociales un mínimo de 10 veces al día. Y el 31% permanece “conectado y activo” incluso en el cuarto de baño…
  • Los más jóvenes (de 15 a 19 años) son los más enganchados a las redes con 3 horas diarias.
  • Si nos preguntamos “¿cómo podría suplir esta afición a las redes sociales con actividades más saludables?”, las respuestas son demoledoras: si reducimos un 30% el tiempo que estamos online, tendremos 7 horas libres a la semana para practicar actividades deportivas, por ejemplo. Y estas 7 horas, si las dedicáramos a practicar running, nos permitirían “quemar” el equivalente a 15 hamburguesas con queso en el caso de los hombres, y 13 en el de las mujeres… Este dato seguro que acaba por convencerte de que hay que emitir un auto-SOS y plantearse seriamente hacer balance. De este modo nos daremos cuenta, muchos de nosotros, de que no pasa absolutamente nada si reducimos el tiempo que pasamos online. Es más, muy probablemente saldremos ganando, tanto mental como físicamente.

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Fuente: Fix.com

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¿Cuál es la edad óptima para empezar a utilizar dispositivos móviles? Esta es, quizás, la pregunta clásica que todos los padres nos preguntamos en algún momento.

Hace apenas unos años, la duda que podía surgir era acerca de la edad a partir de la cual era adecuado acceder a internet. Y dicho acceso tenía lugar, sobre todo, en el hogar a través de un PC o un portátil. Pero desde el momento en el que no podemos salir de casa sin un movil o un tablet el debate se complica, por cuanto los momentos y la facilidad de poder acceder a contenidos online se multiplican exponencialmente.

En un estudio realizado en EEUU por Common Sense Media, un organismo independiente cuyo objetivo es preservar la calidad de vida de los niños y sus familias a partir del acceso a información y la educación, se llega a la conclusión de que el 38% de los niños menores de 2 años utilizan dispositivos móviles para jugar, ver vídeos u otros contenidos multimedia. En 2011 esta cifra era del 10%. Por tanto, prácticamente se ha multiplicado por 4 en apenas 2 años.

A la edad de 8, el 72% de los pequeños tienen acceso en el hogar a algún dispositivo multimedia. El smartphone es el más habitual (63%) pero el tablet va pisando fuerte (40% frente al 8% en 2011). A modo de referencia, la televisión se ha mantenido estable, con un 66% tanto en 2011 como en 2013.

Otro de los puntos importantes es que no sólo se ha incrementado el uso de dispositivos, sino que también se alarga el tiempo dedicado a ellos: 15 minutos al día en 2013 frente a apenas 5 en 2011; por tanto, se ha triplicado su uso.

Por supuesto no es posible sacar conclusiones tajante o definitivas de pros y contras a partir de estos datos: nadie duda ya del gran potencial educativo que puede tener un dispositivo como el iPad, ya presente en muchas escuelas, tanto en EEUU como en España. Ahora bien, el daño puede ser importante si lo que se pretende es que nuestro tablet o móvil sirvan de canguro o si se le permite a nuestros hijos utilizarlo sin ningún tipo de control, tanto de tiempo como de contenidos.

“Necesitamos que el tiempo frente a la pantalla sea un tiempo con fines educativos. La tecnología utilizada inteligentemente es esencial como valor de aprendizaje” – Jim Steyer, CEO de Common Sense Media.

Puedes encontrar un resumen de los principales resultados del estudio en la siguiente inforgrafía, que también podrás encontrar aquí.

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Fuente: www.commonmediasense.org

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Google Glass, tal y como avancé en el artículo de la pasada semana, revolucionará nuestro día a día y la forma en que interactuamos con nuestra realidad cotidiana, ya sea a nivel personal como profesional. El reto de estar permanentemente conectados al mundo digital sin necesidad de tener una pantalla entre las manos es, en sí mismo, un punto de inflexión de cuyo alcance no podemos ser conscientes todavía pese a estar a la vuelta de la esquina.

Pero como toda revolución que se precie y que, como en este caso, conllevará cambios en usos, hábitos y comportamientos de las personas, surgen alarmas por parte de autoridades y colectivos en torno al respeto a la privacidad y la garantía de una utilización ética y dentro del marco legal vigente. Sin ir más lejos, el pasado mes de Mayo varios congresistas norteamericanos redactaron un comunicado dirigido a Larry Page (co-fundador de Google) con una pregunta muy clara: ¿Cómo podrá Google evitar que se obtenga información personal y privada de las personas (por ejemplo fotografías), ya sean usuarios o no, sin su consentimiento?

También Google ha recibido peticiones similares de hasta 10 organismos internacionales encargados de la protección y privacidad de la información (países como Canadá, Suiza, Nueva Zelanda, Méjico…) ante una potencial situación de “vigilancia permanente” por parte de los usuarios de estas gafas.

Si bien hay todavía muchas incógnitas en torno a un producto que, en principio, no saldrá a la venta hasta 2014, parece poco probable que el pánico que puede haber generado en determinados sectores alcance niveles de alarma. ¿Por qué?

Como dijo en una ocasión Larry Page, “no creemos que la gente entre en estado de pánico o de shock si aparece alguien con las Google Glass en un baño público, como tampoco ocurre si dicha persona entra con un smartphone”. Y ciertamente es así: un móvil permite tomar fotografías o grabar conversaciones sin que nos demos cuenta. De hecho, Google prohibirá expresamente cualquier app o programa de terceros que pueda suponer una violación de la privacidad de las personas. Además, cuando se estén tomando fotografías o filmando un vídeo, se iluminará la pantalla del dispositivo para avisar o prevenir a quienes se encuentren allí en ese momento. Y por último, garantizarán que los datos obtenidos por el dispositivo serán tratados bajo las mismas premisas de privacidad de la compañía: todos serán anónimos salvo que la persona autorice expresamente lo contrario.

Así pues, estamos ante un debate típico de situaciones en las que un producto innovador entra en escena. Por supuesto se tendrán que establecer normas, restricciones, marcos de referencia para un uso correcto (por ejemplo es muy probable que se prohiba su uso en cines, casinos, conduciendo, vestuarios de gimnasios…). Pero las ventajas derivadas de esta nueva tecnología pueden llegar a ser inimaginables. Empresas como Facebook o Twitter ya han desarrollado apps específicas para poder compartir fotografías y contenidos. Incluso el ámbito de la educación puede experimentar un vuelco importante si nos atenemos a este infograma (en inglés) en el que se muestran 30 formas en las que las Google Glass podrían revolucionar las aulas: sesiones de tutoría personalizadas a distancia, incorporar contenidos multimedia e interactivos en las clases, reconocimiento facial para facilitar la identificación de los estudiantes, enviar información relevante y al momento a los padres de los alumnos, aprender idiomas o realizar traducciones en tiempo real… Las posibilidades son [prácticamente] ilimitadas.

En resumen, esto es sólo el principio de un proyecto fascinante, del que seguiremos hablando sin duda.

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Fuente de información: MashableWall Street Journal online, PC World

Imagen: www.technologyreview.com

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Al igual que en tantas cosas de la vida, los excesos no suelen ser buenos; y desde que los smartphones forman parte de nuestro día a día, un fenómeno se ha ido imponiendo poco a poco desde el año 2007, al que se le ha bautizado como “Phubbing”.

Este término es la combinación de dos términos en inglés: “phone” (teléfono móvil) y “snubbing” (desairar) y, sin ninguna duda, lo habrás sufrido en algún momento…. o incluso provocado. Probablemente sin darte cuenta, de forma natural. Aún así no es excusa para justificar un tipo de actitud tan natural como reprobatoria y que, poco a poco, parece estar socavando las relaciones personales a muchos niveles.

Una escena típica: entramos en un restaurante para cenar con nuestro grupo de amigos; nos traen la carta y, al cabo de unos minutos, nos damos cuenta de que el camarero está esperando para tomar nota y todos (sin excepción) tenemos nuestro smartphone en la mano: whatsapp, Facebook, Foursquare o el partido de fútbol en vivo. En definitiva: el smartphone se ha adueñado de nuestras vidas hasta llegar a un nivel excesivo, poniendo en peligro las relaciones personales “de toda la vida” y llevándonos irremediablemente a depender de lo que vemos en una pequeña pantalla.

La facilidad que tenemos para conectarnos a internet desde cualquier lugar, ya sea vía 3G o WiFi, sumado a la necesidad de compartir de forma inmediata hasta los detalles más insospechados de nuestro día a día, están provocando una dependencia exagerada de la tecnología, que ha llevado incluso a crear una plataforma, stopphubbing.com, con casi 15.000 seguidores en su página de Facebook (como podrás comprobar aquí) y que pretende hacernos sonreir y, al mismo tiempo, hacernos eco de los aspectos más negativos de lo que se puede considerar una epidemia del siglo XXI. Y no lo digo yo, lo dicen las cifras que encontrarás en la infografía que puedes ver aquí (en inglés) con un clarísimo toque de humor pero que, en el fondo, debemos tomarnos en serio. Destacaré algunos datos a modo de referencia:

  • Se ha llegado a establecer que en un restaurante se llegan aver, en promedio, hasta 36 casos de phubbing en cada cena.
  • La mayoría de phubbers utilizan su móvil para actualizar su status, enviar un mensaje de texto, descargar música, jugar o comentar un chiste enviado por un amigo / conocido (sin duda te habrás sentido identificado con alguna de estas opciones; si no es así, enhorabuena, aún puedes salvarte)
  • Las ciudades con mayor número de phubbers son, de mayor a menor: Nueva York, Los Angeles, Londres, París y Hong Kong.

De momento ninguna ciudad española figura entre las top-20, pero es cada vez más común encontrarnos inmersos en situaciones de este tipo y que están socavando algo tan esencial como es la comunicación verbal, la conversación cara a cara de toda la vida. Es algo que un texto en una pantalla no debería socavar.

¿Te unes al movimiento anti-phubbing?

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Si alguien me hubiera dicho hace un tiempo que las revistas, periódicos o libros en su formato tradicional (es decir: en papel) estaban condenados a desaparecer, habría esbozado una sonrisa entre irónica y de “anda, te has pasado tres pueblos”. De hecho hace apenas 5 años este era un tema de debate bastante común, y frente a los que defendían que los dispositivos digitales se iban a comer el mundo (eran los menos) estaban los que consideraban el papel como algo insustituible, irrenunciable. “¿Cómo voy a dejar de leer mi periódico cada mañana, durante el desayuno, con los folletos de propaganda y cupones para la freidora que espero con ansia, para pasar a hacerlo a través de una pantalla incómoda y pequeña?”.

Parecía imposible, es cierto; pero la tecnología ha avanzado exponencialmente y, curiosamente, el consumidor, independientemente de su edad, ha evolucionado de forma que ni los más nostálgicos esperaban.

Y la realidad, según el estudio encargado por Google a finales del 2012, no deja lugar a dudas: el 90% del acceso a la información y a los medios de comunicación se lleva a cabo vía dispositivos con pantalla (smartphones, portátiles, PC’s, tablets y televisión) frente a un 10% de los llamados “medios tradicionales” (radio, periódicos y revistas).

En total, 4.4 horas diarias frente a un dispositivo con pantalla. Los motivos son bastante lógicos: la tecnología se ha democratizado, y los consumidores actuales tienen diferentes dispositivos con los que interactúan a lo largo del día, y seleccionan cada uno en base a un contexto y circunstancias determinadas: lugar en el que nos encontramos, el tiempo que podemos dedicar a consultar la información, el objetivo que buscamos conseguir y nuestro estado de ánimo.

A modo de ejemplo, en un día cualquiera:

  • Dedicaremos el 24% de nuestro tiempo a interactuar con muestro PC, ya sea en casa (69% del tiempo) o en el trabajo (31%. Un PC o portátil nos sirve, primordialmente, para estar informados y ser productivos en el trabajo.
  • El smartphone, en cambio, es la herramienta clave para estar conectados y podernos comunicar con los demás, así como para obtener información urgente o distraernos con juegos, apps, etc. De allí que el 38% del tiempo de conexión a una pantalla sea a través de uno de estos dispositivos
  • Pero cuando se trata de entretenimiento, las tablets son clave: aún representan apenas un 9% del tiempo diario que estamos frente a una pantalla, pero esta cifra evolucionará rápidamente, tan rápido como la flexibilidad en el tamaño de pantallas, precios cada vez más económicos y competencia entre múltiples marcas. Al menos en España, Apple y Samsung representan un porcentaje minoritario en ventas de tablets frente a la cantidad de unidades vendidas de marcas más económicas y prestaciones sencillas. Curiosamente el 79% del uso de tablets se realiza en el hogar, frente a un 21% que se hace fuera de casa.

Y no sólo eso: quizás uno de los fenómenos más representativos de un entorno multi-pantalla es el incremento de la simultaneidad: cada vez más, el usuario utiliza 2 o más dispositivos al mismo tiempo. Y si lo piensas, seguro que no lo ves como algo tan sorprendente. De hecho, el 81% de los usuarios utilizan el smartphone mientras ven la televisión; esta cifra baja a un 66% si se trata de un PC o portátil.  Y la gente que utiliza un PC o portátil mientras está frente al televisor también alcanza un 66%. Así que, en promedio, utilizamos 3 combinaciones de dispositivos al día. No nos conformamos con centrarnos en una pantalla: nos hemos acostumbrado a interactuar y buscar valor añadido en el hecho de aglutinar diferentes dispositivos para mejorar nuestrsa experiencia.

Si te estás preguntando “¿qué actividades son las que se realizan cuando utilizamos pantallas de forma simultánea?” la respuesta también nos la facilita el estudio de Google: un 60% de dichas actividades son enviar y/o consultar e-mails, 44%  navegar por internet, 42% utilización de redes sociales y un 25% jugar.

Pero hace rato que no hablamos de la televisión, un medio que sigue siendo clave en múltiples ámbitos, pero que está perdiendo relevancia o, en todo caso, se está reinventando desde el momento en que un 77% de los que ven (vemos) la televisión estamos utilizando otro dispositivo al mismo tiempo. Este es un fenómeno que muchas cadenas, sobre todo en Estados Unidos, están exprimiendo para, por ejemplo, conseguir mayor atención e involucración de sus audiencias, permitiendo interactuar, fomentar acciones simultáneas en twitter u otras redes sociales, etc. Es decir, cautivar audiencias es ahora clave para las cadenas y productoras, y nada mejor que incentivar la interacción multipantalla para evitar “fugas” a la competencia.

Y por último, está el tema de las compras online, un fenómeno en alza. No hay más que ver el crecimiento espectacular de Amazon.es desde su lanzamiento: ha cogido por sorpresa a los retailers tradicionales, que no se esperaban un cambio de tendencia tan rápido y van contra el reloj definiendo estrategias y plataformas online para hacer frente al gigante americano. Aún así, no es tan sencillo, pues no basta con abrir una web: la experiencia de compra está condicionada en gran manera por el dispositivo desde el cual se accede, lo que añade una complejidad adicional a todo este proceso. Y si sumamos el hecho de que un proceso de compra se puede iniciar en el dispositivo X y finalizar en el Z, ya tenemos la cuadratura del círculo.

En resumen, nos encontramos con que el entorno actual es tremendamente complejo. No sólo la tecnología permite interacciones y usos difíciles de predecir: también el consumidor es distinto al de hace apenas unos años en cuanto a procesos de tomas de decisiones, por lo que no se puede segmentar mediante técnicas tradicionales. De allí que las marcas que logren entender este nuevo escenario y tomar las iniciativas oportunas, tendrán una importante ventaja frente al resto. Y, aún así, no será nada fácil garantizar el éxito.

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Fuentes de información: Sterling Brands e Ipsos: “The new multiscreen World – understanding cross-platform consumer behaviour ” – US, Agosto 2012

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Lo que hoy conocemos como Social Media, sin ninguna duda, ha transformado nuestras vidas en los últimos años. Fundamentalmente porque ha revolucionado la comunicación entre personas, empresas y marcas tanto en la forma, contenidos y velocidad de acceso a la información. Y es precisamente esta velocidad la que puede llevar a su extinción mucho antes de lo previsto.

En el blog de Jef Bullas (uno de nuestros preferidos, vale la pena echarle un vistazo a diario) hacen una reflexión muy interesante en torno a esta idea en un artículo que puedes leer aquí (en inglés).

El teléfono móvil inteligente (smartphone, para entendernos) está jugando un papel clave en lo que podemos denominar “convergencia tecnológica”: con un único dispositivo podemos ver la televisión, escuchar la radio, comunicarnos vía mail, actualizar nuestras páginas de Facebook, Twitter o Foursquare, conocer el estado de las carreteras, recibir ofertas de todo tipo (Groupon, Privalia, Ofertix y empresas similares están haciendo su Agosto también desde las apps móviles)… Y los Tablet, ya sean Apple o Android, mejoran todavía más la experiencia de navegación.

Y otra ventaja añadida: todo lo anterior se puede hacer en cualquier momento, cuando más nos apetece.

Ante este panorama, los medios considerados “tradicionales” (radio, televisión, periódicos, revistas, vallas publicitarias, posters) tenían evidentes desventajas: no se podía acceder a ellos en cualquier momento, menos aún a través de nuestros dispositivos electrónicos más habituales (móvil, tablet, portátil, PC…), y estaban sujetos a programaciones estrictas (especialmente los medios impresos, lógicamente). En definitiva, el factor “inmediatez” los dejaba al borde del ko en un mundo en el que no nos gusta nada esperar.

Y hablamos en pasado porque, a diferencia de hace unos años, los medios tradicionales se han puesto las pilas y se están socializando:

  • La televisión está dando paso a la “smart TV” o televisión inteligente, en la que podemos acceder a contenidos online, ver películas cuando nos conviene, grabar un programa mientras estamos viendo otro e, incluso, ponerlo en pausa mientras vamos a la cocina a por unas palomitas, acceder a nuestras cuenta de Twitter.
  • Los periódicos y revistas impresos se están reinventando mediante versiones online, ampliando contenidos con blogs o servicios de valor añadido. La plataforma Orbyt es un buen ejemplo de que la gente está dispuesta a pagar por una experiencia de uso optimizada.
  • La radio se puede escuchar no sólo a través del tradicional aparatito que todos tenemos en la cocina o el baño:  las apps y la generalización de las redes WiFi nos permiten escuchar nuestros programas preferidos en cualquier lugar e, incluso, seleccionar los contenidos más interesantes a través de podcasts o programas pregrabados
  • Las fotografías ya no tienen que imprimirse para poderlas disfrutar. Basta con colgarlas en Flickr, Picasa, Instagram o Facebook para que podamos disfrutarlas nosotros o nuestros amigos.

Todo ello nos lleva a la conclusión de que los medios de comunicación, a la hora de crear y gestionar contenidos, lo hacen con una perspectiva muy diferente a la de hace 15 o 20 años. Una perspectiva donde el término “social” es clave. Y por esta misma razón, todos los medios son, o serán, sociales tarde o temprano; de modo que el término “social media” acabará, por redundante, perdiendo su esencia, su razón de ser.

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Artículo original: Why Social Media will disappear

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