Artículos en la categoría 'Tecnología & Futuro'

Esta misma semana se ha presentado el estudio “Jóvenes y comunicación: la impronta de lo virtual”, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud y del que puedes encontrar un resumen en este link.

El principal objetivo del mismo era analizar la forma en la que las nuevas tecnologías influyen en la creación de formas de comunicación entre los más jóvenes (16 a 26 años), en sus procesos de socialización, valores y de cohesión grupal, entre otros aspectos. Para ello se realizaron diferentes grupos de discusión y se recurrió también a fuentes secundarias, fundamentalmente de tipo cualitativo. Los resultados son muy interesantes, a la vez que sorprendentes e incluso inquietantes en algunos aspectos.

Un primer dato: el 94.5% de los jóvenes entre 16 y 24 años utilizan intensivamente las redes sociales, al haber tenido acceso al menos una vez por semana durante los 3 últimos meses (la media española es del 65%).

Los jóvenes tienen claro que no estar en las redes sociales es una forma de perder oportunidades, de no aprovechar las ventajas de las últimas tecnologías para disfrutar de una vida más cómoda y práctica. Entre estas ventajas, por ejemplo, está el que los más tímidos e introvertidos pueden flirtear en un entorno en el que consiguen eliminar parte de su vergüenza, mostrando más abiertamente su personalidad que en persona. Curiosamente los jóvenes son conscientes de que pueden perder gran parte de su intimidad, pero lo asumen y no les importa, por cuanto es “lo normal”, y todos lo hacen.

Y lo mismo ocurre con un sentimiento de dependencia de las tecnologías que antes no existía: sin las redes sociales, los jóvenes se sentirían aislados, no sabrían cómo rellenar sus rutinas, su tiempo libre. Aunque quizás no son conscientes que si sus hábitos giran en torno a las redes sociales, pueden quedar aislados precisamente de su entorno más cercano, generando a su vez relaciones de baja intensidad, superfluas, incluso despersonalizadas.

Aún así, consideran que hay que estar “por si acaso“. Y este último aspecto es clave para entender qué puede suponer no formar parte de este mundo: podemos quedar abocados al olvido del grupo que se organiza a partir de las facilidades que ofrece la tecnología, generando un proceso de “marginación” de estos jóvenes, que pueden llegar a ser considerados raros, independientes…

Otro dato clave del estudio es la desmitificación del estereotipo “nativos digitales”: continuamente empleamos este concepto para referirnos a los más jóvenes, entendiendo que éstos conocen a la perfección todo lo relacionado con las redes sociales, pues es lo que han vivido desde pequeños. Pues bien, nada más lejos de la realidad: todos, incluso este segmento de 16 a 24 años, requieren un aprendizaje continuado y un esfuerzo constante para poder gestionar y compatibilizar la complejidad de lo que podríamos llamar el “yo digital, online” con el “yo offline”, pues se van generando nuevas formas de comunicacion, códigos y valores, de los que hay que estar pendientes y saber gestionarlos adecuadamente.

En definitiva: como todo en esta vida, las cosas en su justa medida pueden ser muy beneficiosas. Si nos “pasamos”, en cambio, quizás no estemos preparados para las consecuencias. Por este motivo te recomiendo que descargues y dediques unos minutos de tu tiempo a analizar el estudio. Quizás te perderás algún post en Facebook, pero habrá valido la pena.

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Fuente: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Joventud

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Si algo quedó claro en la pasada edición del CES de Las Vegas (Enero) y del Mobile World Congress de Barcelona (finales de Febrero) es la apuesta de las marcas por lo que conocemos como “wearables”, o gadgets tecnológicos que podemos llevar en forma de pulsera, sensores en la ropa, smartwatches, anillo o gafas,  sincronizados con nuestro móvil o tablet (habitualmente en tiempo real y vía Bluetooth),  y que cumplen algún tipo de función sin la cual no podríamos vivir: contar los pasos que caminamos diariamente, las calorías que ingerimos, las horas de sueño de calidad, la ruta en tiempo real de nuestro entrenamiento matutino en bicicleta, el ritmo cardíaco cuando nos llega la factura del gas….

Bromas aparte, todo ello se traduce en un volumen de información ingente acerca de nuestros hábitos y estilo de vida, datos que, bien gestionados, pueden ser extremadamente útiles para las marcas comerciales y compañías publicitarias. Y si, además, los fabricantes de wearables son capaces de integrar sus dispositivos con las principales Apps del mercado y “obligarnos” a compartir dicha información a través de las redes sociales más populares, tenemos la cuadratura del círculo.

Y si hoy en día podemos disfrutar de dispositivos relativamente sencillos, como por ejemplo el Fitbit e incluso el reloj de moda, el Pebble -sin duda el smartwatch de más éxito, muy por encima del que han obtenido los de Samsung o Sony, por poner dos ejemplos-, el futuro nos deparará un rango de productos desde los más sencillos hasta los más sofisticados y complejos, perfectamente adaptados a las necesidades de cada uno de nosotros.

En base a lo que podemos entrever de este fenómeno cada vez más popular, surge una pregunta: ¿Qué nos deparará la integración de los wearables con las redes sociales? ¿Qué podemos esperar o predecir, al menos a corto o medio plazo? Aunque es bastante aventurado lanzarse con previsiones en un entorno que cambia a una velocidad endiablada, aquí tienes algunas “predicciones”:

  • Veremos surgir nuevas redes sociales adaptadas y concebidas específicamente para los usuarios de dispositivos wearable. Si analizamos fenómenos como Whatsapp, Instagram o Pinterest, plataformas ligadas al boom de los smartphones y a la tendencia de los usuarios a compartir imágenes, vídeos o simplemente chatear a través de una pantalla de 4 o 5 pulgadas de media, es fácil aventurar que aparecerán redes que sabrán sacar el jugo a gadgets donde las pantallas, precisamente, brillan por su ausencia o tienen un tamaño reducido.
  • Las micro-interacciones ganarán importancia. Por la limitación de pantalla citada en el punto anterior , las interacciones con nuestros dispositivos serán también muy directas y breves: “me gusta”, “favorito”, +1, una  estrella, etc. serán el eje central a la hora de transmitir información
  • El reconocimiento de voz será una de las herramientas más importantes. De hecho, junto con las micro-interacciones, las herramientas que permitan dictar o transmitir órdenes a través de la voz serán clave para el desarrollo de la tecnología wearable.
  • Las marcas se lanzarán a por sus presas (nosotros, los usuarios) para intentar lograr la atención de un nuevo tipo de consumidor e intentar lograr su fidelidad a través de un nuevo modelo de comunicación e interacción. Resulta tan sencillo y tan [relativamente] económico crear un dispositivo de este tipo o una simple aplicación, que veremos un escenario inundado de tecnología wearable en el que tendremos que aprender a separar lo inútil de lo que aporta verdadero valor. Y no será fácil.
  • El reto para la privacidad será enorme. Desde el momento en que llevemos encima aparatos permanentemente conectados, las redes sociales que giran en torno a servicios de geolocalización, Foursquare por ejemplo, sin duda invertirán en aplicaciones que servirán para enviarnos informaciones relevantes en función del lugar en el que nos encontremos (un restaurante, una tienda), o del momento del día… o incluso de con quién estemos en un momento determinado.
  • La tecnología wearable dejará de ser un accesorio para convertirse en parte integral de nuestras vidas. A diferencia de un smartphone o una tablet, dispositivos con los que interactuamos a lo largo del día pero que guardamos en un bolsillo, maleta o simplemente lo dejamos en la taquilla al ir al gimnasio, un gadget wearable no se separa de nosotros en ningún momento: está pensado para obtener y transmitir información personal de forma permanente y continua. Esto supone un cambio de planteamiento clave. Los accesorios dejan de ser accesorios, tal y como los conocemos ahora. Y si pensamos en campos como la medicina, donde es vital realizar un seguimiento preciso de ciertos pacientes y patologías, estaremos frente a lo que puede considerarse una verdadera revolución.

En resumen: a mayor avance de la tecnología wearable, más información, más datos, más precisión… y mas interés por parte de marcas comerciales y de las propias redes sociales (especialmente aquellas cuyo modelo de negocio se apoya en la inversión publicitaria), por lo que será importante tener en cuenta muchos aspectos antes de hacerse con uno de estos gadgets. No será fácil, pero sí mucho más interesante para quienes disfrutamos de la tecnología.

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Fuente: Socialmediatoday.com

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Como no podía ser menos, en estas fechas vamos a ver multitud de informes, noticias y artículos referentes a las tendencias tecnológicas más relevantes de 2014. Y todas ellas, sin duda, aportan argumentos e ideas que nos deben hacer reflexionar y tomar nuestras propias conclusiones.

Aún así, hay un estudio que me ha llamado la atención y que cuenta con el sello del prestigioso Consumer Lab de Ericsson, una división cuyo objetivo es el de escuchar y analizar la voz de los consumidores en todo el mundo desde que se fundó, en 1995. Cada año entrevistan a más de 100.000 personas en 40 países y 15 grandes ciudades y, a partir de la información recogida, extrapolan los datos para determinar tendencias de futuro.

En el siguiente infograma (en inglés) Ericsson resume las 10 tendencias más relevantes de 2014 a nivel de tecnología e innovación, y que se pueden resumir así:

  1. Las apps están cambiando y moldeando una nueva sociedad. La demanda masiva de servicios móviles, desde una simple compra a la reserva de taxis o restaurantes, prestación de servicios sanitarios y tantos otros, transformarán nuestra vida diaria de forma absoluta en los próximos 3 años.
  2. Nuestro cuerpo será nuestro password más seguro. Frente a la necesidad de recordar engorrosas combinaciones de cifras y letras, se irá imponiendo la tecnología basada en huellas dactilares (el iPhone 5s es un buen ejemplo) o lectores de retina (Samsung y, por supuesto, Apple están trabajando en esta línea).
  3. Mediremos todo lo que hacemos durante el día. Según el estudio, el 40% de los usuarios de smartphones lo utilizan para realizar un seguimiento constante de las actividades diarias. Un 59% ya utiliza pulseras o dispositivos en forma de pulsera inteligente, y un 56% querría utilizar anillos para poder gestionar información personal
  4. Internet en cualquier sitio. A día de hoy la calidad de las llamadas de voz supera ampliamente al nivel de recepción de señal para acceder a contenidos de vídeos, por poner un ejemplo. Y esta frustración obligará a las compañías de telecomunicaciones a trabajar duramente para evitar esta frustración.
  5. Los smartphones democratizan el acceso a internet. El auge de dispositivos móviles de gama baja pero que permiten el acceso a internet permiten igualar las oportunidades de participar en el mundo online.Por ejemplo, en India e Indonesia el smartphone es el primer dispositivo de acceso a internet, por delante de PC’s y portátiles.
  6. Los beneficios de internet se imponen a los temores que también genera. Sin duda todos estamos tenemos presente el riesgo de que nuestra información personal (incluyendo datos bancarios, tarjetas de crédito, etc.) pueda verse comprometida. Aún así, sólo el 4% de los usuarios están dispuestos a reducir el uso de internet por este tipo de riesgos.
  7. Nuestros amigos como prescriptores de contenidos. Nuestros amigos tienen un peso muy importante cuando se trata de escoger qué contenidos audiovisuales vamos a ver. Por ejemplo, el 38% de los consumidores afirman que ven videoclips recomendados por amigos varias veces a la semana.
  8. El consumo de datos, ese eterno desconocido… El acceso a internet es cada vez más amplio, sobre todo mediante dispositivos móviles. Pero no resulta fácil interpretar algo tan complejo como bytes, megabytes y determinar si estamos incurriendo en sobrecostes, o si nos estamos pasando con nuestro plan de datos. Por ello el 48% de los usuarios utilizan apps para conocer su consumo de datos, y el 37% otras para averiguar la velocidad de conexión y saber si su compañía le está dando gato por liebre.
  9. Sensores en lugares cotidianos. Los usuarios de smartphones admiten que el uso de sensores interactivos se generalizará en todos los ámbitos, desde el transporte público, servicios de salud, lugar de trabajo… De hecho el 60% de los consumidores creen que este tipo de sensores se habrán generalizado en 2016
  10. Acceso multiplataforma a contenidos en streaming. Nos estamos acostumbrando a empezar a ver un vídeo en casa (por ejemplo en un portátil), hacer pausa, continuar viéndolo en el autobús en el móvil, y acabar haciéndolo en cualquier otro lugar con un tablet. De hecho una quinta parte de los usuarios ven TV y vídeo en móviles y tablets.

Y para quien quiera ver esta información en un formato más gráfico y abreviado, aquí está el infograma prometido.

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Estamos a punto de iniciar un nuevo año, y en el mundo de la tecnología hemos podido ver y experimentar múltiples novedades, pequeñas revoluciones que nos permiten  intuir hacia dónde nos dirigimos en un entorno cada vez más interconectado, donde la información no es necesariamente masiva, genérica, sino segmentada, filtrada y enfocada en base a nuestros gustos, necesidades, perfil demográfico, hábitos de consumo… Internet y las redes sociales, junto con las omnipresentes cookies, facilitan de forma constante “datos” de quiénes somos, qué nos gusta o disgusta, qué hacemos en nuestro día a día, con quién nos relacionamos y tantos otros.

Empresas como Samsung han ido un paso más allá, atreviéndose a “dibujar” cómo será el mundo en un futuro más cercano de lo que pensamos. Un mundo donde la información y los displays van de la mano a lo largo de nuestro transcurrir diario: en la escuela, tiempo libre, en el trabajo, al despertarnos, mientras nos trasladamos en coche o en ascensor. Displays dinámicos, resistentes, flexibles, aplicados a diferentes materiales y superficies, táctiles y que responden a los estímulos externos. En definitiva, un mundo donde será difícil mantener secretos y en el que nuestra privacidad será un tema cada vez más complejo de gestionar, pero infinitamente más necesario.

Hasta que llegue ese momento, disfruta de este vídeo, y nos vemos en Socialmediaflash.es en 2014. Feliz Año Nuevo.

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Imagen: Samsung

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En artículos anteriores he incidido en la importancia que los contenidos audiovisuales tienen hoy en día a la hora de transmitir información y captar la atención del usuario. Pues bien, en este breve vídeo de apenas 80 segundos creado por la compañía Uberflip (especializada en gestión de contenidos) podrás ver algunos datos que confirman esta tendencia, clave para cualquier estrategia de marketing de contenidos mínimamente ambiciosa. Algunas cifras destacadas:

  • En Estados Unidos se descargan unos 40.000 millones de vídeos al mes (fuente: Comscore)
  • 75 millones de estadounidenses ven vídeos online de forma habitual, lo que supone una cuarta parte de la población (Comscore)
  • El 87% de los profesionales de Marketing recurren al vídeo para sus estrategias de social media (eMarketer)
  • En 2015, la inversión en video-campañas será de 6.300 millones de dólares, frente a 3.900 estimados en 2013 y 1.500 en 2010 (Forrester)
  • YouTube es el segundo motor de búsqueda en número de usuarios, con 2.000 millones de vídeos descargados al año (Youtube)
  • Instagram ya tiene una base de más de 150 millones de usuarios
  • La aplicación de vídeos cortos Vine se descargó 13 millones de veces en su primera semana de lanzamiento

En definitiva, nos esperan años en los que, indudablemente, surgirán nuevas plataformas sociales basadas en fotografías y vídeo, con un componente de movilidad muy elevado.

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Fuente: Uberflip.com

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¿Cuál es la edad óptima para empezar a utilizar dispositivos móviles? Esta es, quizás, la pregunta clásica que todos los padres nos preguntamos en algún momento.

Hace apenas unos años, la duda que podía surgir era acerca de la edad a partir de la cual era adecuado acceder a internet. Y dicho acceso tenía lugar, sobre todo, en el hogar a través de un PC o un portátil. Pero desde el momento en el que no podemos salir de casa sin un movil o un tablet el debate se complica, por cuanto los momentos y la facilidad de poder acceder a contenidos online se multiplican exponencialmente.

En un estudio realizado en EEUU por Common Sense Media, un organismo independiente cuyo objetivo es preservar la calidad de vida de los niños y sus familias a partir del acceso a información y la educación, se llega a la conclusión de que el 38% de los niños menores de 2 años utilizan dispositivos móviles para jugar, ver vídeos u otros contenidos multimedia. En 2011 esta cifra era del 10%. Por tanto, prácticamente se ha multiplicado por 4 en apenas 2 años.

A la edad de 8, el 72% de los pequeños tienen acceso en el hogar a algún dispositivo multimedia. El smartphone es el más habitual (63%) pero el tablet va pisando fuerte (40% frente al 8% en 2011). A modo de referencia, la televisión se ha mantenido estable, con un 66% tanto en 2011 como en 2013.

Otro de los puntos importantes es que no sólo se ha incrementado el uso de dispositivos, sino que también se alarga el tiempo dedicado a ellos: 15 minutos al día en 2013 frente a apenas 5 en 2011; por tanto, se ha triplicado su uso.

Por supuesto no es posible sacar conclusiones tajante o definitivas de pros y contras a partir de estos datos: nadie duda ya del gran potencial educativo que puede tener un dispositivo como el iPad, ya presente en muchas escuelas, tanto en EEUU como en España. Ahora bien, el daño puede ser importante si lo que se pretende es que nuestro tablet o móvil sirvan de canguro o si se le permite a nuestros hijos utilizarlo sin ningún tipo de control, tanto de tiempo como de contenidos.

“Necesitamos que el tiempo frente a la pantalla sea un tiempo con fines educativos. La tecnología utilizada inteligentemente es esencial como valor de aprendizaje” – Jim Steyer, CEO de Common Sense Media.

Puedes encontrar un resumen de los principales resultados del estudio en la siguiente inforgrafía, que también podrás encontrar aquí.

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Fuente: www.commonmediasense.org

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Google Glass, tal y como avancé en el artículo de la pasada semana, revolucionará nuestro día a día y la forma en que interactuamos con nuestra realidad cotidiana, ya sea a nivel personal como profesional. El reto de estar permanentemente conectados al mundo digital sin necesidad de tener una pantalla entre las manos es, en sí mismo, un punto de inflexión de cuyo alcance no podemos ser conscientes todavía pese a estar a la vuelta de la esquina.

Pero como toda revolución que se precie y que, como en este caso, conllevará cambios en usos, hábitos y comportamientos de las personas, surgen alarmas por parte de autoridades y colectivos en torno al respeto a la privacidad y la garantía de una utilización ética y dentro del marco legal vigente. Sin ir más lejos, el pasado mes de Mayo varios congresistas norteamericanos redactaron un comunicado dirigido a Larry Page (co-fundador de Google) con una pregunta muy clara: ¿Cómo podrá Google evitar que se obtenga información personal y privada de las personas (por ejemplo fotografías), ya sean usuarios o no, sin su consentimiento?

También Google ha recibido peticiones similares de hasta 10 organismos internacionales encargados de la protección y privacidad de la información (países como Canadá, Suiza, Nueva Zelanda, Méjico…) ante una potencial situación de “vigilancia permanente” por parte de los usuarios de estas gafas.

Si bien hay todavía muchas incógnitas en torno a un producto que, en principio, no saldrá a la venta hasta 2014, parece poco probable que el pánico que puede haber generado en determinados sectores alcance niveles de alarma. ¿Por qué?

Como dijo en una ocasión Larry Page, “no creemos que la gente entre en estado de pánico o de shock si aparece alguien con las Google Glass en un baño público, como tampoco ocurre si dicha persona entra con un smartphone”. Y ciertamente es así: un móvil permite tomar fotografías o grabar conversaciones sin que nos demos cuenta. De hecho, Google prohibirá expresamente cualquier app o programa de terceros que pueda suponer una violación de la privacidad de las personas. Además, cuando se estén tomando fotografías o filmando un vídeo, se iluminará la pantalla del dispositivo para avisar o prevenir a quienes se encuentren allí en ese momento. Y por último, garantizarán que los datos obtenidos por el dispositivo serán tratados bajo las mismas premisas de privacidad de la compañía: todos serán anónimos salvo que la persona autorice expresamente lo contrario.

Así pues, estamos ante un debate típico de situaciones en las que un producto innovador entra en escena. Por supuesto se tendrán que establecer normas, restricciones, marcos de referencia para un uso correcto (por ejemplo es muy probable que se prohiba su uso en cines, casinos, conduciendo, vestuarios de gimnasios…). Pero las ventajas derivadas de esta nueva tecnología pueden llegar a ser inimaginables. Empresas como Facebook o Twitter ya han desarrollado apps específicas para poder compartir fotografías y contenidos. Incluso el ámbito de la educación puede experimentar un vuelco importante si nos atenemos a este infograma (en inglés) en el que se muestran 30 formas en las que las Google Glass podrían revolucionar las aulas: sesiones de tutoría personalizadas a distancia, incorporar contenidos multimedia e interactivos en las clases, reconocimiento facial para facilitar la identificación de los estudiantes, enviar información relevante y al momento a los padres de los alumnos, aprender idiomas o realizar traducciones en tiempo real… Las posibilidades son [prácticamente] ilimitadas.

En resumen, esto es sólo el principio de un proyecto fascinante, del que seguiremos hablando sin duda.

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Fuente de información: MashableWall Street Journal online, PC World

Imagen: www.technologyreview.com

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Quienes han tenido ocasión de probar las revolucionarias gafas de Google, más allá de las opiniones a nivel técnico (o del precio) de un producto del que todavía se desconoce su verdadero potencial, tienen una postura unánime: se abre ante nosotros una nueva era en lo que se refiere a la forma de interactuar con el mundo.

Robert Scoble, autor del blog www.scobleizer.com (previamente fue videoblogger de fast Company, y también “evangelizador tecnológico” de Microsoft) y una de las personalidades más reconocidas a nivel mundial en el entorno de las nuevas tecnologías,  es el fan número 1 de las Google Glass después de utilizarlas durante apenas dos semanas a principios de este año. Y una de sus frases es rotunda: “Desde ahora no viviré un sólo día de mi vida sin estas gafas (o las de un posible competidor en el futuro). Es así de significativo. Han cambiado mi vida”. El único “pero” es, por supuesto, el precio. En el momento en que baje de los 1.500 dólares actuales a una cifra inferior a los 200, el mundo girará en torno a las Google Glass.

En estos dos breves vídeos oficiales (en inglés) se resume, de forma muy breve, en qué consiste este producto por el que suspiran todos los líderes de opinión e influencers que se precien. En el primero de ellos se muestra la forma de interactuar con el dispositivo:

En el segundo, podemos verlo en plena acción:

Por supuesto, en apenas 3 minutos es imposible resumir hasta dónde puede llegar un dispositivo de estas características, aunque intentaré hacerlo en el próximo artículo.

Pero dejo abierta una reflexión que mi buen amigo Joan Jiménez realizó hace pocas fechas en su blog, Spoonch, en el que imagina un nuevo futuro (leer el artículo completo aquí):

“No es difícil imaginar que el nacimiento de un nuevo tipo de dispositivo como las Google Glass, acabe produciendo una revolución aún mayor en la manera en la que entendemos Internet, simplemente porque éstas introducen la nueva posibilidad de que además de una total movilidad, tengamos el uso integrado de Internet dentro de nuestro campo natural de visión y por consiguiente, la posibilidad de empezar a percibir el mundo de manera habitual en una fusión definitiva entre lo digital y lo físico.[...] No es difícil pensar que en un futuro acabemos sintiendo que en lugar de estar “conectados” a la Red… “estamos” directamente dentro de ella.”

Actualmente dependemos de las pantallas para acceder a los contenidos digitales, ya sea a través de un smartphone, portátil, TV o tablet. En el futuro, una nueva pantalla estará permanentemente frente a nuestros ojos: 100% integrada en la vida real, en nuestro día a día, desde que nos despertamos por la mañana; ampliada y mejorada a través de sofisticados sensores que nos harán más fácil la vida… pero que también abre interrogantes muy importantes a nivel de privacidad y ética, entre muchos otros. Pero de esto hablaré en unos días.

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Al igual que en tantas cosas de la vida, los excesos no suelen ser buenos; y desde que los smartphones forman parte de nuestro día a día, un fenómeno se ha ido imponiendo poco a poco desde el año 2007, al que se le ha bautizado como “Phubbing”.

Este término es la combinación de dos términos en inglés: “phone” (teléfono móvil) y “snubbing” (desairar) y, sin ninguna duda, lo habrás sufrido en algún momento…. o incluso provocado. Probablemente sin darte cuenta, de forma natural. Aún así no es excusa para justificar un tipo de actitud tan natural como reprobatoria y que, poco a poco, parece estar socavando las relaciones personales a muchos niveles.

Una escena típica: entramos en un restaurante para cenar con nuestro grupo de amigos; nos traen la carta y, al cabo de unos minutos, nos damos cuenta de que el camarero está esperando para tomar nota y todos (sin excepción) tenemos nuestro smartphone en la mano: whatsapp, Facebook, Foursquare o el partido de fútbol en vivo. En definitiva: el smartphone se ha adueñado de nuestras vidas hasta llegar a un nivel excesivo, poniendo en peligro las relaciones personales “de toda la vida” y llevándonos irremediablemente a depender de lo que vemos en una pequeña pantalla.

La facilidad que tenemos para conectarnos a internet desde cualquier lugar, ya sea vía 3G o WiFi, sumado a la necesidad de compartir de forma inmediata hasta los detalles más insospechados de nuestro día a día, están provocando una dependencia exagerada de la tecnología, que ha llevado incluso a crear una plataforma, stopphubbing.com, con casi 15.000 seguidores en su página de Facebook (como podrás comprobar aquí) y que pretende hacernos sonreir y, al mismo tiempo, hacernos eco de los aspectos más negativos de lo que se puede considerar una epidemia del siglo XXI. Y no lo digo yo, lo dicen las cifras que encontrarás en la infografía que puedes ver aquí (en inglés) con un clarísimo toque de humor pero que, en el fondo, debemos tomarnos en serio. Destacaré algunos datos a modo de referencia:

  • Se ha llegado a establecer que en un restaurante se llegan aver, en promedio, hasta 36 casos de phubbing en cada cena.
  • La mayoría de phubbers utilizan su móvil para actualizar su status, enviar un mensaje de texto, descargar música, jugar o comentar un chiste enviado por un amigo / conocido (sin duda te habrás sentido identificado con alguna de estas opciones; si no es así, enhorabuena, aún puedes salvarte)
  • Las ciudades con mayor número de phubbers son, de mayor a menor: Nueva York, Los Angeles, Londres, París y Hong Kong.

De momento ninguna ciudad española figura entre las top-20, pero es cada vez más común encontrarnos inmersos en situaciones de este tipo y que están socavando algo tan esencial como es la comunicación verbal, la conversación cara a cara de toda la vida. Es algo que un texto en una pantalla no debería socavar.

¿Te unes al movimiento anti-phubbing?

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Si alguien me hubiera dicho hace un tiempo que las revistas, periódicos o libros en su formato tradicional (es decir: en papel) estaban condenados a desaparecer, habría esbozado una sonrisa entre irónica y de “anda, te has pasado tres pueblos”. De hecho hace apenas 5 años este era un tema de debate bastante común, y frente a los que defendían que los dispositivos digitales se iban a comer el mundo (eran los menos) estaban los que consideraban el papel como algo insustituible, irrenunciable. “¿Cómo voy a dejar de leer mi periódico cada mañana, durante el desayuno, con los folletos de propaganda y cupones para la freidora que espero con ansia, para pasar a hacerlo a través de una pantalla incómoda y pequeña?”.

Parecía imposible, es cierto; pero la tecnología ha avanzado exponencialmente y, curiosamente, el consumidor, independientemente de su edad, ha evolucionado de forma que ni los más nostálgicos esperaban.

Y la realidad, según el estudio encargado por Google a finales del 2012, no deja lugar a dudas: el 90% del acceso a la información y a los medios de comunicación se lleva a cabo vía dispositivos con pantalla (smartphones, portátiles, PC’s, tablets y televisión) frente a un 10% de los llamados “medios tradicionales” (radio, periódicos y revistas).

En total, 4.4 horas diarias frente a un dispositivo con pantalla. Los motivos son bastante lógicos: la tecnología se ha democratizado, y los consumidores actuales tienen diferentes dispositivos con los que interactúan a lo largo del día, y seleccionan cada uno en base a un contexto y circunstancias determinadas: lugar en el que nos encontramos, el tiempo que podemos dedicar a consultar la información, el objetivo que buscamos conseguir y nuestro estado de ánimo.

A modo de ejemplo, en un día cualquiera:

  • Dedicaremos el 24% de nuestro tiempo a interactuar con muestro PC, ya sea en casa (69% del tiempo) o en el trabajo (31%. Un PC o portátil nos sirve, primordialmente, para estar informados y ser productivos en el trabajo.
  • El smartphone, en cambio, es la herramienta clave para estar conectados y podernos comunicar con los demás, así como para obtener información urgente o distraernos con juegos, apps, etc. De allí que el 38% del tiempo de conexión a una pantalla sea a través de uno de estos dispositivos
  • Pero cuando se trata de entretenimiento, las tablets son clave: aún representan apenas un 9% del tiempo diario que estamos frente a una pantalla, pero esta cifra evolucionará rápidamente, tan rápido como la flexibilidad en el tamaño de pantallas, precios cada vez más económicos y competencia entre múltiples marcas. Al menos en España, Apple y Samsung representan un porcentaje minoritario en ventas de tablets frente a la cantidad de unidades vendidas de marcas más económicas y prestaciones sencillas. Curiosamente el 79% del uso de tablets se realiza en el hogar, frente a un 21% que se hace fuera de casa.

Y no sólo eso: quizás uno de los fenómenos más representativos de un entorno multi-pantalla es el incremento de la simultaneidad: cada vez más, el usuario utiliza 2 o más dispositivos al mismo tiempo. Y si lo piensas, seguro que no lo ves como algo tan sorprendente. De hecho, el 81% de los usuarios utilizan el smartphone mientras ven la televisión; esta cifra baja a un 66% si se trata de un PC o portátil.  Y la gente que utiliza un PC o portátil mientras está frente al televisor también alcanza un 66%. Así que, en promedio, utilizamos 3 combinaciones de dispositivos al día. No nos conformamos con centrarnos en una pantalla: nos hemos acostumbrado a interactuar y buscar valor añadido en el hecho de aglutinar diferentes dispositivos para mejorar nuestrsa experiencia.

Si te estás preguntando “¿qué actividades son las que se realizan cuando utilizamos pantallas de forma simultánea?” la respuesta también nos la facilita el estudio de Google: un 60% de dichas actividades son enviar y/o consultar e-mails, 44%  navegar por internet, 42% utilización de redes sociales y un 25% jugar.

Pero hace rato que no hablamos de la televisión, un medio que sigue siendo clave en múltiples ámbitos, pero que está perdiendo relevancia o, en todo caso, se está reinventando desde el momento en que un 77% de los que ven (vemos) la televisión estamos utilizando otro dispositivo al mismo tiempo. Este es un fenómeno que muchas cadenas, sobre todo en Estados Unidos, están exprimiendo para, por ejemplo, conseguir mayor atención e involucración de sus audiencias, permitiendo interactuar, fomentar acciones simultáneas en twitter u otras redes sociales, etc. Es decir, cautivar audiencias es ahora clave para las cadenas y productoras, y nada mejor que incentivar la interacción multipantalla para evitar “fugas” a la competencia.

Y por último, está el tema de las compras online, un fenómeno en alza. No hay más que ver el crecimiento espectacular de Amazon.es desde su lanzamiento: ha cogido por sorpresa a los retailers tradicionales, que no se esperaban un cambio de tendencia tan rápido y van contra el reloj definiendo estrategias y plataformas online para hacer frente al gigante americano. Aún así, no es tan sencillo, pues no basta con abrir una web: la experiencia de compra está condicionada en gran manera por el dispositivo desde el cual se accede, lo que añade una complejidad adicional a todo este proceso. Y si sumamos el hecho de que un proceso de compra se puede iniciar en el dispositivo X y finalizar en el Z, ya tenemos la cuadratura del círculo.

En resumen, nos encontramos con que el entorno actual es tremendamente complejo. No sólo la tecnología permite interacciones y usos difíciles de predecir: también el consumidor es distinto al de hace apenas unos años en cuanto a procesos de tomas de decisiones, por lo que no se puede segmentar mediante técnicas tradicionales. De allí que las marcas que logren entender este nuevo escenario y tomar las iniciativas oportunas, tendrán una importante ventaja frente al resto. Y, aún así, no será nada fácil garantizar el éxito.

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Fuentes de información: Sterling Brands e Ipsos: “The new multiscreen World – understanding cross-platform consumer behaviour ” – US, Agosto 2012

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Social Media. Dos simples palabras que describen un fenómeno con el que nos hallamos familiarizados prácticamente todos los que nos conectamos a internet y que, aparentemente, abrazamos con comodidad como usuarios desde el momento en que compartimos nuestras vidas en Facebook, retocamos y subimos fotos a Instagram, buscamos información empresarial (y trabajo) a través de Linkedin, chateamos horas y horas por Whatsapp…

Sin embargo la realidad de las redes sociales es bastante más compleja, especialmente para las empresas, las marcas, aunque pueda parecer un contrasentido. ¿Por qué?

En teoría, estas empresas disponen de más información de la que jamás llegaron a imaginar. Al mismo tiempo, la tecnología está evolucionando a pasos agigantados, y los dispositivos móviles nos hacen la vida más fácil para estar conectados con todo y todos desde cualquier lugar y momento. Páginas como Facebook, Twitter o Google+ cuentan sus usuarios por cientos de millones, perfectamente segmentados / parametrizados / controlados… Aún así, son pocas las compañías que hacen un uso intensivo y efectivo de las redes sociales: la mayoría están perdidas, sin saber qué hacer.

Así que volvamos a la misma pregunta: ¿Cómo es esto posible? Pues probablemente por un cocktail de diferentes motivos, entre los cuales destacaría los siguientes:

  • El concepto de “Social Media” no se interpreta ni se entiende correctamente. Las empresas quizás lo han visto hasta ahora como una vía de comunicación más, un canal para interactuar con los clientes potenciales gracias al cual poder incrementar las ventas. Y esto es un error: las redes sociales no son un canal más, sino un reflejo de la sociedad actual, una sociedad digital, muy distinta a la de hace apenas 10 años. Una sociedad que interactúa, se comunica, habla, discute, se informa, se queja de una forma que nada tiene que ver con la de nuestros padres o generaciones anteriores.
  • Un ejemplo de mi buen amigo Joan Jiménez, estratega, consultor visionario y amante de las nuevas tecnologías, autor del blog de referencia Spoonch entre otras muchas inquietudes. Joan lo tiene muy claro: las redes sociales no se han creado para vender, de la misma manera que un restaurante no está pensado para cerrar negocios, a pesar de que es muy frecuente llegar a acuerdos comerciales tras una buena comida. Un restaurante es simple y llanamente un lugar al que vamos a comer, mientras que “las redes sociales no son más que la sociedad en digital” (cita de su libro “Principios básicos del Social Branding”). Así de simple. Y así de complejo.
  • El no haber interpretado correctamente estos conceptos básicos ha hecho que las compañías, las marcas, hayan ido dando tumbos alrededor del concepto de social media. Las estrategias, en muchos casos, se han limitado a tener presencia en las plataformas líderes (Facebook y Twitter, por ejemplo), alcanzar el mayor número posible de fans y seguidores, buscar el máximo número de likes y retweets y vender, vender, vender. Resultado: millones tirados a la basura, estrategias digitales descartadas por ineficientes, miedo a incrementar los presupuestos de marketing digital frente a “los de toda la vida” por miedo al fracaso… Y lo que es peor: muchas compañías siguen sin conocer bien a sus clientes reales y potenciales, y éstos desconfían de quienes intentar venderles una moto en lugar de dialogar e interactuar con ellos.

Por fortuna no todo es tan negativo como puede parecer por lo descrito hasta ahora, y los directivos de Marketing, estrategas y agencias de comunicación están dando un giro positivo en la dirección correcta. De hecho se acaba de publicar un estudio que recomiendo fervientemente: “State of Social Marketing 2012-2013″, que podrás encontrar aquí, resume los resultados de las entrevistas a 181 estrategas digitales y expertos en redes sociales que representan a agencias y marcas.

Claramente se puede destacar una idea: los ejes clave de referencia han cambiado sustancialmente en apenas dos años. Por ejemplo, en 2011 el factor “incrementar ventas” era el más importante a la hora de desarrollar una estrategia digital. A día de hoy, en Julio de 2013, ha pasado a ser la quinta prioridad. En cambio, los criterios más importantes a día de hoy giran claramente en torno a una aproximación más sincera al cliente o usuario: optimizar el nivel de engagement (comprometer e involucrar frente a simplemente interactuar) ocupa el primer lugar, junto con otros como mejorar la imagen de la marca (o su percepción), influir en el comportamiento del consumidor, promover un sentimiento positivo ante la marca / compañía…

Y para conseguir estos nuevos objetivos, será básico hacer énfasis en aquellos puntos que, para el consumidor, serán clave: contenidos exclusivos, información que permita tomar decisiones (por tanto ha de ser útil y previamente testada), servicio de atención al cliente eficaz, formar parte de una comunidad, acceso a detalles de nuevos productos, programas de fidelización…

Y aunque parezca sencillo, no lo es en absoluto. El consumidor tiene en sus manos el poder de mirar hacia otro lado y hacia otra marca si no consigue lo que busca. Por tanto un buen marketing de contenidos, así como una gestión óptima de las diferentes plataformas y tendencias tecnológicas entre las que destaca la experiencia móvil, pueden ser un buen comienzo. Y, sobre todo, no nos olvidemos de preguntar al consumidor, al usuario. Aunque parezca imposible, en 2012 el 54% de lac compañías no habían establecido un sistema para preguntar a sus propios usuarios o clientes de Social Marketing qué esperan obtener y cuáles son sus necesidades. Algo así como ir a un restaurante y que el camarero te sirva un solomillo de carne sin saber que eres vegetariano. Simplemente por no haber preguntado.

En resumen: una buena estrategia en redes sociales se debe basar en escuchar, entender el entorno, adaptarse a las nuevas tecnologías, estudiar las necesidades y expectativas de nuestros clientes (existentes y potenciales)… y seguir escuchando, siempre.

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Fuente: “State of Social Marketing” 2012 – 2013, Brian Solis / Pivot Conference Group

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