Esta misma semana se ha presentado el estudio “Jóvenes y comunicación: la impronta de lo virtual”, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud y del que puedes encontrar un resumen en este link.

El principal objetivo del mismo era analizar la forma en la que las nuevas tecnologías influyen en la creación de formas de comunicación entre los más jóvenes (16 a 26 años), en sus procesos de socialización, valores y de cohesión grupal, entre otros aspectos. Para ello se realizaron diferentes grupos de discusión y se recurrió también a fuentes secundarias, fundamentalmente de tipo cualitativo. Los resultados son muy interesantes, a la vez que sorprendentes e incluso inquietantes en algunos aspectos.

Un primer dato: el 94.5% de los jóvenes entre 16 y 24 años utilizan intensivamente las redes sociales, al haber tenido acceso al menos una vez por semana durante los 3 últimos meses (la media española es del 65%).

Los jóvenes tienen claro que no estar en las redes sociales es una forma de perder oportunidades, de no aprovechar las ventajas de las últimas tecnologías para disfrutar de una vida más cómoda y práctica. Entre estas ventajas, por ejemplo, está el que los más tímidos e introvertidos pueden flirtear en un entorno en el que consiguen eliminar parte de su vergüenza, mostrando más abiertamente su personalidad que en persona. Curiosamente los jóvenes son conscientes de que pueden perder gran parte de su intimidad, pero lo asumen y no les importa, por cuanto es “lo normal”, y todos lo hacen.

Y lo mismo ocurre con un sentimiento de dependencia de las tecnologías que antes no existía: sin las redes sociales, los jóvenes se sentirían aislados, no sabrían cómo rellenar sus rutinas, su tiempo libre. Aunque quizás no son conscientes que si sus hábitos giran en torno a las redes sociales, pueden quedar aislados precisamente de su entorno más cercano, generando a su vez relaciones de baja intensidad, superfluas, incluso despersonalizadas.

Aún así, consideran que hay que estar “por si acaso“. Y este último aspecto es clave para entender qué puede suponer no formar parte de este mundo: podemos quedar abocados al olvido del grupo que se organiza a partir de las facilidades que ofrece la tecnología, generando un proceso de “marginación” de estos jóvenes, que pueden llegar a ser considerados raros, independientes…

Otro dato clave del estudio es la desmitificación del estereotipo “nativos digitales”: continuamente empleamos este concepto para referirnos a los más jóvenes, entendiendo que éstos conocen a la perfección todo lo relacionado con las redes sociales, pues es lo que han vivido desde pequeños. Pues bien, nada más lejos de la realidad: todos, incluso este segmento de 16 a 24 años, requieren un aprendizaje continuado y un esfuerzo constante para poder gestionar y compatibilizar la complejidad de lo que podríamos llamar el “yo digital, online” con el “yo offline”, pues se van generando nuevas formas de comunicacion, códigos y valores, de los que hay que estar pendientes y saber gestionarlos adecuadamente.

En definitiva: como todo en esta vida, las cosas en su justa medida pueden ser muy beneficiosas. Si nos “pasamos”, en cambio, quizás no estemos preparados para las consecuencias. Por este motivo te recomiendo que descargues y dediques unos minutos de tu tiempo a analizar el estudio. Quizás te perderás algún post en Facebook, pero habrá valido la pena.

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Fuente: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Joventud

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