Google Glass, tal y como avancé en el artículo de la pasada semana, revolucionará nuestro día a día y la forma en que interactuamos con nuestra realidad cotidiana, ya sea a nivel personal como profesional. El reto de estar permanentemente conectados al mundo digital sin necesidad de tener una pantalla entre las manos es, en sí mismo, un punto de inflexión de cuyo alcance no podemos ser conscientes todavía pese a estar a la vuelta de la esquina.

Pero como toda revolución que se precie y que, como en este caso, conllevará cambios en usos, hábitos y comportamientos de las personas, surgen alarmas por parte de autoridades y colectivos en torno al respeto a la privacidad y la garantía de una utilización ética y dentro del marco legal vigente. Sin ir más lejos, el pasado mes de Mayo varios congresistas norteamericanos redactaron un comunicado dirigido a Larry Page (co-fundador de Google) con una pregunta muy clara: ¿Cómo podrá Google evitar que se obtenga información personal y privada de las personas (por ejemplo fotografías), ya sean usuarios o no, sin su consentimiento?

También Google ha recibido peticiones similares de hasta 10 organismos internacionales encargados de la protección y privacidad de la información (países como Canadá, Suiza, Nueva Zelanda, Méjico…) ante una potencial situación de “vigilancia permanente” por parte de los usuarios de estas gafas.

Si bien hay todavía muchas incógnitas en torno a un producto que, en principio, no saldrá a la venta hasta 2014, parece poco probable que el pánico que puede haber generado en determinados sectores alcance niveles de alarma. ¿Por qué?

Como dijo en una ocasión Larry Page, “no creemos que la gente entre en estado de pánico o de shock si aparece alguien con las Google Glass en un baño público, como tampoco ocurre si dicha persona entra con un smartphone”. Y ciertamente es así: un móvil permite tomar fotografías o grabar conversaciones sin que nos demos cuenta. De hecho, Google prohibirá expresamente cualquier app o programa de terceros que pueda suponer una violación de la privacidad de las personas. Además, cuando se estén tomando fotografías o filmando un vídeo, se iluminará la pantalla del dispositivo para avisar o prevenir a quienes se encuentren allí en ese momento. Y por último, garantizarán que los datos obtenidos por el dispositivo serán tratados bajo las mismas premisas de privacidad de la compañía: todos serán anónimos salvo que la persona autorice expresamente lo contrario.

Así pues, estamos ante un debate típico de situaciones en las que un producto innovador entra en escena. Por supuesto se tendrán que establecer normas, restricciones, marcos de referencia para un uso correcto (por ejemplo es muy probable que se prohiba su uso en cines, casinos, conduciendo, vestuarios de gimnasios…). Pero las ventajas derivadas de esta nueva tecnología pueden llegar a ser inimaginables. Empresas como Facebook o Twitter ya han desarrollado apps específicas para poder compartir fotografías y contenidos. Incluso el ámbito de la educación puede experimentar un vuelco importante si nos atenemos a este infograma (en inglés) en el que se muestran 30 formas en las que las Google Glass podrían revolucionar las aulas: sesiones de tutoría personalizadas a distancia, incorporar contenidos multimedia e interactivos en las clases, reconocimiento facial para facilitar la identificación de los estudiantes, enviar información relevante y al momento a los padres de los alumnos, aprender idiomas o realizar traducciones en tiempo real… Las posibilidades son [prácticamente] ilimitadas.

En resumen, esto es sólo el principio de un proyecto fascinante, del que seguiremos hablando sin duda.

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Fuente de información: MashableWall Street Journal online, PC World

Imagen: www.technologyreview.com

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Quienes han tenido ocasión de probar las revolucionarias gafas de Google, más allá de las opiniones a nivel técnico (o del precio) de un producto del que todavía se desconoce su verdadero potencial, tienen una postura unánime: se abre ante nosotros una nueva era en lo que se refiere a la forma de interactuar con el mundo.

Robert Scoble, autor del blog www.scobleizer.com (previamente fue videoblogger de fast Company, y también “evangelizador tecnológico” de Microsoft) y una de las personalidades más reconocidas a nivel mundial en el entorno de las nuevas tecnologías,  es el fan número 1 de las Google Glass después de utilizarlas durante apenas dos semanas a principios de este año. Y una de sus frases es rotunda: “Desde ahora no viviré un sólo día de mi vida sin estas gafas (o las de un posible competidor en el futuro). Es así de significativo. Han cambiado mi vida”. El único “pero” es, por supuesto, el precio. En el momento en que baje de los 1.500 dólares actuales a una cifra inferior a los 200, el mundo girará en torno a las Google Glass.

En estos dos breves vídeos oficiales (en inglés) se resume, de forma muy breve, en qué consiste este producto por el que suspiran todos los líderes de opinión e influencers que se precien. En el primero de ellos se muestra la forma de interactuar con el dispositivo:

En el segundo, podemos verlo en plena acción:

Por supuesto, en apenas 3 minutos es imposible resumir hasta dónde puede llegar un dispositivo de estas características, aunque intentaré hacerlo en el próximo artículo.

Pero dejo abierta una reflexión que mi buen amigo Joan Jiménez realizó hace pocas fechas en su blog, Spoonch, en el que imagina un nuevo futuro (leer el artículo completo aquí):

“No es difícil imaginar que el nacimiento de un nuevo tipo de dispositivo como las Google Glass, acabe produciendo una revolución aún mayor en la manera en la que entendemos Internet, simplemente porque éstas introducen la nueva posibilidad de que además de una total movilidad, tengamos el uso integrado de Internet dentro de nuestro campo natural de visión y por consiguiente, la posibilidad de empezar a percibir el mundo de manera habitual en una fusión definitiva entre lo digital y lo físico.[...] No es difícil pensar que en un futuro acabemos sintiendo que en lugar de estar “conectados” a la Red… “estamos” directamente dentro de ella.”

Actualmente dependemos de las pantallas para acceder a los contenidos digitales, ya sea a través de un smartphone, portátil, TV o tablet. En el futuro, una nueva pantalla estará permanentemente frente a nuestros ojos: 100% integrada en la vida real, en nuestro día a día, desde que nos despertamos por la mañana; ampliada y mejorada a través de sofisticados sensores que nos harán más fácil la vida… pero que también abre interrogantes muy importantes a nivel de privacidad y ética, entre muchos otros. Pero de esto hablaré en unos días.

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